Frontpage Slideshow | Copyright © 2006-2011 JoomlaWorks Ltd.

 

Inicio Facebook twiter Contáctenos

Solidaridad: ¿Qué es?

 

"Solidaridad no significa compasión como sentido difuso, ni tristeza momentánea, sino una Determinación firme y perseverante de comprometerse por el otro". H.Charles Howard

 

Marcelino Champagnat se preocupaba por los pobres, los huérfanos, los ancianos y desatendidos, o sea, situaciones que trascendían la educación formal. Son diversas las iniciativas que emprendía junto con los primeros hermanos, para responder a las urgencias y realidades de su tiempo. Por ejemplo:

  • En la comunidad de La Valla, en 1820, intervino para que acogiesen a niños de la calle, como Jean- Baptiste Berne;
  • En el terreno del Hermitage, en 1833, edificó un sencillo asilo, para acoger ancianos y mendigos;
  • En 1838, en París, matriculó a dos Hermanos en un curso de capacitación para trabajar con sordomudos.

 

Según Pobreza y Justicia, la realidad social y el espíritu evangélico han provocado en nosotros, como sucedió a Champagnat, una llamada a dedicarnos con mayor esfuerzo apostólico a los pobres, a los oprimidos, a los marginados. A buscar caminos evangélicos para mejorar la promoción y la defensa de los derechos del hombre y la mujer, sea a nivel local, nacional o internacional.


Como educadores, tenemos que estar atentos al clamor del Espíritu, que en este momento histórico nos invita a ser testigos con nuestras vidas y con nuestro compromiso directo con los menos favorecidos. Por tanto, es una obligación de todo cristiano, Hermanos y educadores, construir con amor una sociedad más justa, más humana, que sea la primicia del Reino de Justicia y Paz.

 

¿Por qué la solidaridad?

 

A nadie le debe extrañar que el trabajar por la justicia y a favor de los pobres sea una de las actitudes que más redundan en el fortalecimiento de la vida espiritual. Para Jesús había dos mandamientos básicos, amar a Dios y amar al prójimo. En Mateo 25, el Maestro se extiende en detalles y proclama sin rodeos que al final de los tiempos seremos juzgados sobre cómo tratamos a las personas pobres. Ésa será la exacta medida de cómo tratamos al Señor.
Nos engañamos al pensar que podemos relacionarnos con Dios sin preocuparnos constantemente por los miembros más débiles de la sociedad y analizar honradamente de qué manera nuestro modo de vida contribuye a su dolorosa situación. Una espiritualidad que se tenga por tal no puede desentenderse de las personas que sufren la pobreza. No puede olvidarse de sus problemas ni dejar de cooperar para que la sociedad sea cada vez más justa." (H. Seán Sammon, "Una Revolución del Corazón").