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Encuentro Nacional del Movimiento Champagnat

 

El Liceo Salvadoreño se constituyó el día 10 de noviembre como hogar de la familia salvadoreña del Movimiento Champagnat. Unos 130 fraternos se citaron para compartir fraternidad, sueños y esperanzas. También se hicieron presentes seis jóvenes de Comunidad Remar, invitados para participar de la experiencia y para escuchar sus propuestas de futuro. El denso aplauso que se les dio certificó la esperanza que ofrecen para el desarrollo del carisma marista.

 

El mensaje inicial del h. Hipólito fue un hermoso referente para el itinerario del día. Tres palabras sintetizaron su pensamiento: Asumir, es decir, ser protagonistas y artífices del Movimiento; crecer en autonomía y libertad; saber tomar decisiones. Profundizar, ahondar, tener cimientos. Intuir, o sea, saber mirar más allá; responder a tiempos nuevos; tener creatividad; ofrecer respuestas nuevas. El h. Hipólito tuvo también palabras de agradecimiento a todos los hermanos que han dado tanto por la constitución y crecimiento de las fraternidades. Les agradeció su respuesta generosa para una presencia nueva, no tanto de dirigir, sino de acompañar, estar al lado, ser testigos.

 

La jornada se desarrolló con gran protagonismo de los laicos, sea en las motivaciones, testimonios, organización general, eucaristía... Pero al grupo de hermanos presentes, les hizo sentirse como parte esencial de esa narración del carisma que se inició con Champagnat y que ha llegado a tantos laicos y laicas a través de ellos. Los ocho hermanos provenientes de las seis comunidades de El Salvador recibieron un fraternal reconocimiento de este gesto de comunión.

 

El itinerario del día tuvo cuatro momentos, respondiendo al lema: Memoria y reflexión mirando al futuro. Cada momento se identificó con una breve motivación, seguida de un testimonio, profundizado con un texto para un tiempo personal, y concluyendo con un espacio de diálogo en grupos, que expresaban sus conclusiones en un cartel. Los cuatro momentos procedían de la afirmación: Continuamos el relato... Desde el cambio y la novedad... Mirando al futuro... Como familia universal.

 

La eucaristía, presidida por Patxi Loidi, cerró la jornada. El p. Patxi subrayó en la homilía el papel del laico en la Iglesia, no para estar en las iglesias y sacristías, sino más bien para ser testigo del evangelio en medio de la sociedad y del mundo. Su mensaje rezumó igualmente espíritu marista, vivido en sus años como hermano. El recuerdo de la Buena Madre, que se entregó a cada fraternidad, reafirmó la convicción de que Ella lo sigue haciendo todos entre nosotros. El encuentro lo confirmaba.