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El silencio de la altura y el canto del coquí

Formar Vocación

 

La casa de las religiosas del Sagrado Corazón de Barranquitas, acogió, durante cuatro días, a un grupo de laicos maristas para vivir la primera experiencia de Formar Vocación en Puerto Rico. El encuentro es una apuesta deIMG-20190903-WA0002 afinamiento y profundización de un camino formativo en clave vocacional, iniciado hace unos años por cada participante. El silencio del lugar, en lo alto de la colina, con un paisaje extraordinario que resaltaba el verde esperanza, se combinaba por la noche con el canto del coquí, persistente y sistemático, pero que sonaba a canción, a presencia, a tierra donde vivir.

 

El itinerario propuesto se fue desarrollando en un clima de mucha confianza y madurez. La experiencia que ofrece la edad adulta no impidió sentir que un corazón marista no es algo estático, no es punto de llegada. Más bien, es movimiento, continuo salir hacia lo nuevo. Por eso, la pregunta que surgió: en nuestro camino marista, ¿cómo rescatar las posibilidades de exploración que cada uno y cada una llevamos dentro? Nos gustó percibir la vocación como paradigma de búsqueda.

 

En el silencio de la altura entendimos que no partimos de cero en nuestro caminar marista. Tomamos conciencia de que formamos parte de una comunidad de memoria, sostenida por una tradición carismática. Nos conectamos con nuestras raíces, con el evangelio de Jesús y con los orígenes maristas en Champagnat y los primeros hermanos. Y descubrimos nuestras alas, nuestras posibilidades de crecer, desplegando la herencia recibida al momento que vivimos. El canto del coquí nos recordaba, al atardecer, los desafíos del momento actual para el carisma marista.

 

La convivencia de Barranquitas potenció la actitud de convertir nuestro estilo de vida en memoria creativa de la identidad marista. Recordamos lo expresado por Champagnat en su testamento espiritual y reafirmamos la convicción de que esa memoria no pide ser repetida ni mimetizada, sino que, en diálogo con el presente y sus retos, nos pide ser recreada. Reflexionamos sobre la relación entre memoria y transformación, memoria y cambio, buscando traducir para nuestro tiempo la sencillez, el estilo de María, la fraternidad, la espiritualidad marista...

 

La lluvia, que apareció en alguno de los días, puede ser el símbolo de lo experimentado en el encuentro. Símbolo de una experiencia de hondura y calidad marista con rostro laical. El horizonte bello que contemplábamos desde la altura, la síntesis entre pasado y presente, inicios y futuro, silencio y diálogo, risas y lágrimas, sosiego y movimiento, sonrisas y picaduras de hormigas... todo quedó empapado por una lluvia benéfica, expresión de vida y crecimiento, recuerdo del amor de Dios.