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+ J.M.J.CH. 08 de abril, 2020
JUEVES SANTO

 

NOS AMA HASTA EL EXTREMO

Hagan ustedes lo mismo (Jn 13, 1.15)

 

 

Marista de Champagnat:

 

Un saludo en este día tan íntimo, familiar y fraterno del Jueves Santo.

 

Los mejores deseos y en comunión con sus seres queridos – en familia o en comunidad –, en estos días de “estar en casa”, viviendo la Semana Santa con actitudes, formas y expresiones diferentes, a causa de la expansión del COVID-19.

 

El Evangelio de este día (Jn 13, 1-15)[1] se centra en el recuerdo de la cena: el lavatorio de los pies y las palabras y gestos que dieron lugar a la eucaristía.

 

El recuerdo de lo que Jesús hizo en la última cena se convirtió muy pronto en el sacramento de nuestra fe. Y no sin razón, porque en esos gestos, en esas palabras está encerrado lo que fue Jesús durante su vida y todo lo que tenemos que llegar a ser nosotros como cristianos. 

 

Lo que Jesús quiso decirnos en estos gestos es que Él era un ser para los demás, que el objetivo de su existencia era darse; que había venido no para que le sirvieran, sino para servir, manifestando de esta manera que su meta, su fin, su plenitud humana solo la alcanzaría cuando llegara a la donación total en la muerte asumida y aceptada. 

 

Sólo un Jesús des-trozado puede ser asimilado e integrado en nuestro propio ser. Descubrir que destrozarnos para que nos puedan comer, es también la meta para nosotros, es el primer objetivo de un seguidor de Jesús. Soy pan que me parto y me reparto. Soy vida que me derramo para todos. No hay magia ni milagro, solo un signo de lo que Jesús fue y lo que nosotros debemos ser.

 

 

Jesús, al lavar los pies, hace una tarea de esclavo.

Manifiesta con ello su entrega sin límites.

En esa entrega está su plenitud humanidad divina.

Sólo en el don total está nuestra plenitud.

La única gloria será servir al otro.

Si pretendemos potenciar nuestro ego, fracasamos. 

 

¡Feliz día del amor fraterno!

 

Fraternalmente,

Hipólito Pérez, fms

Provincial

Maristas América Central

 

PAN

José María Rodríguez Olaizola, SJ

 

Pan para saciar

el hambre

de todos.

Amasado despacio,

cocido en el horno

de la verdad hiriente,

del amor auténtico,

del gesto delicado.

 

Pan partido,

multiplicado al romperse,

llegando a más manos,

a más bocas,

a más pueblos,

a más historias.

 

Pan bueno,

vida

para quien yace

en las cunetas,

y para quien dormita

ahíto de otros manjares,

si acaso tu aroma

despierta en él la nostalgia

de lo cierto.

 

Pan cercano,

en la casa que acoge

a quien quiera compartir

un relato,

un proyecto,

una promesa.

 

Pan vivo,

cuerpo de Dios,

alianza inmortal,

que no falte

en todas las mesas. 



[1] cf. Comentario al Evangelio Jn 13, 1-15. Fray Marcos, 2020

 

 

 

POTAL JUEVES SANTO ESP AN