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+ J.M.J.CH. 08 de abril, 2020

¡RESISTIREMOS!

"Sube a nacer conmigo, hermano. 

Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado”

(Pablo Neruda)

 

Mensaje2Estimada Familia Marista:

 

Un cordial y fraterno saludo en estos días entrañables y profundos de Semana Santa, próximos a la vivencia del triduo pascual, que nos encamina a la celebración de la Resurrección.

 

Este año, al estar inmersos en una crisis mundial sanitaria a causa de la expansión del COVID-19, nuestra experiencia de Semana Santa está unida al confinamiento en casa, sin poder hacernos presentes y disfrutar de los encuentros de familia, de las celebraciones litúrgicas, de las tradiciones religiosas, etc., mientras somos testigos de la gran catástrofe humana a causa del sufrimiento de tantas víctimas y afectados por la pandemia.

 

Permítanme acercarme en estas fechas tan significativas a sus vidas y familias, para expresarles los mejores deseos de comunión, apoyo y cercanía en este momento en el que estamos transitando momentos muy difíciles.

 

Me encuentro todavía en Madrid, que está siendo una de las ciudades más afectadas mundialmente por el virus, y a la espera que se den las condiciones para poder viajar a la Provincia. 

 

Desde los balcones, las llamadas telefónicas y las noticias, cada día puedo experimentar el dolor y la desolación de muchas personas. Al inicio, la pandemia era algo anónimo y lejano, pero al igual que el mapa de infectados se ha ido expandiendo lentamente a lo largo del mundo, también ha ido acercándose a nosotros con rostros y nombres concretos de amigos, conocidos, hermanos y familiares de hermanos, afectándonos de manera diferente. 

 

En esta experiencia, una canción de finales de los años ochenta, ha resurgido como himno colectivo: Resistiré[1], que expresa los sentimientos de un pueblo confinado en casa, ante el dolor y la impotencia; aferrado a la esperanza de que la situación cambiará; agradecido por las personas que se están jugando la vida por salvar personas. La canción suena todos los días a las 20:00 h desde los balcones en España, aunado voces y corazones en auténtica actitud de resiliencia.

 

La Semana Santa se nos presenta, en esta ocasión, con algunas teselas nuevas en el mosaico de nuestra vida personal, familiar y social:

 

Tiempo de gracia, compasión y agradecimiento.

 

Todo momento de crisis y dificultad se convierte en oportunidad[2] si nuestro corazón está dispuesto a aprender, acoger e integrar el momento presente. 

 

Nuestro ritmo de vida se ha ralentizado y nos sitúa a realizar de manera creativa nuestras responsabilidades cotidianas, a la vez que nos permite desarrollar habilidades diferentes en el ámbito personal y familiar; recuperar lo esencial en nuestra manera de pensar, sentir y actuar; ocupar el tiempo de otra manera, a retomar “tareas pendientes”.

 

Ser más conscientes de lo que somos, vivimos y tenemos, despierta nuestra capacidad de compasión y agradecimiento, con tantas personas que están sufriendo, pasando serias dificultades o que se están convirtiendo en héroes anónimos por medio de la entrega y el servicio. Así nos los recuerda el Papa Francisco[3]“No puedo olvidar a los que están enfermos a causa del coronavirus, a las personas ingresadas en los hospitales. Tengo presente la generosidad de los que se exponen al peligro para curar esta pandemia o para garantizar los servicios esenciales a la sociedad. ¡Cuántos héroes, de todos los días, a todas las horas! También recuerdo a los que pasan apuros económicos y están preocupados por el trabajo y el futuro. Pienso además en los presos en las cárceles, a cuyo dolor se suma el miedo a la epidemia, por ellos y por sus seres queridos, pienso en los que carecen de domicilio, que no tienen un hogar que los proteja”.

 

Tiempo de recuperar el corazón del hogar.

 

La casa, el hogar, que tantas veces pasa vacío o transitado de manera rápida, ahora se ha convertido en centro de la nueva realidad que todos estamos viviendo desde hace varias semanas. Nuestras relaciones, en espacios más pequeños, se generan con mayor intensidad. 

 

Sin proximidad física, pero expresada en tantos gestos y posibilidades concretas de hacer el bien por medio de la atención, el servicio, la escucha, la paciencia,  ¡Todo un nuevo aprendizaje! Oportunidad, como Maristas, de vivir el espíritu de familia que tanto nos caracteriza.

 

Tener los mismos sentimientos de Jesús (Flp 2, 1-11)

 

Como creyentes, hacer memoria del acontecimiento del Misterio Pascual, nos ofrece la posibilidad de configurar nuestra vida con los sentimientos de Jesús. 

 

Esta crisis, quizá nos permita percibir en carne propia el dolor y el sufrimiento muy de cerca, la fragilidad y la vulnerabilidad del ser humano, el sentido de la vida en recuperar nuestra humanidad conectada a todo y a todos. 

 

En el fondo, confirmarnos la autenticidad del proyecto de vida que Jesús vivió, por el que entregó su vida y con el que nos sentimos identificados y deseamos configurarnos.

 

Hermano, hermana, de la Familia Marista,

“Todos estamos en la misma barca, 

todos somos frágiles y desorientados[4]”, 

pero nuestra fe, esperanza y caridad en Jesús, 

anima nuestros pasos. 

 

Fecunda vivencia de la Semana Santa 

desde el corazón del hogar; 

que juntos, “desde la profunda zona de dolor 

que estamos experimentando, 

subamos a nacer[5]” en el Misterio Pascual.

 

Fraternalmente,

Hipólito Pérez, fms

Provincial

Maristas América Central



[3] Mensaje del Papa Francisco. Domingo de Ramos, 2020.

[4] Homilía Papa Francisco. 28 de marzo, 2020.

[5] Verso de un poema de Pablo Neruda.

 

 

 

Mensaje1