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¡Cuaresma con nuestra casa común: la tierra!

I OASIS en Guatemala (Domingo 4 de marzo. Escuela Marista)

 

En la Escuela Marista fuimos convocados, por la comisión de Vida de Hermanos, a nuestro primer Oasis (espacio para hacer un alto en el camino, para reflexionar y compartir fe y vida entre hermanos y laicos), con el tema: ¡Cuaresma con nuestra casa común: la tierra!

Nos reunimos un grupo de 15 hermanos y 16 laicos para reflexionar, orar y compartir juntos sobre uno de los objetivos planteados en el XXII Cap. General: “Despertar en nosotros y a nuestro alrededor una conciencia ecológica que nos comprometa con el cuidado de nuestra casa común” (Mensaje XXII Capítulo General, 2017)

Además, en esta misma línea, profundizar en la invitación que hemos recibido del Papa Francisco como creyentes y seguidores de Jesús en desarrollar una conciencia ecológica que nos conduzca a cuidar y proteger nuestra casa común, la tierra.

 

Iniciamos con la Eucaristía, celebrada con el pueblo que cada Domingo se reúne en la Escuela Marista.

Seguidamente tuvimos una pequeña motivación sobre el tema a considerar y un espacio largo de tiempo personal para contactar con la naturaleza y tomar conciencia del mal que estamos haciendo a la madre tierra y de todo lo que ella gratuitamente nos ofrece junto con el creador.

 

Al entrar en la temporada de la Cuaresma, tiempo de ayuno, arrepentimiento y oración, tomemos un momento para meditar cómo podemos arrepentirnos del daño que causamos a la creación de Dios.

En este momento, el cambio climático, causado por los seres humanos, contribuye al aumento de la hambruna, sed, enfermedades y conflictos en todo el mundo. Miles de especies se están extinguiendo, nuestras tierras, aguas y aire están contaminados.

La creación nos fue dada como un regalo, el cual no estamos cuidando, lo que genera sufrimiento en toda la familia humana. ¿Qué hacer ante todo esto?

 

Tuvimos también un espacio para compartir por grupos y una rica puesta en común.

Finalizamos el encuentro con un almuerzo ofrecido por la comunidad de la Escuela Marista y una rica sobremesa que nos permitió compartir en fraternidad hermanos y laicos.

 

Los ecos de lo vivido fueron de mucho aprecio de estos espacios, de gran profundidad y de compromiso con la madre tierra, desde los pequeños detalles y acciones que cada uno podemos hacer.

 

 

Hno. Rodrigo Cuesta