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En camino hacia la Conferencia General I:

Despertar La Aurora

Profecías y místicos para nuestros tiempos

 

La expresión "DESPERTARÉ LA AURORA" aparece en dos salmos, 57(56) v.8-9 y 108(107) v. 2-3, casi con las mismas palabras: A punto está mi corazón, oh Dios, mi corazón a punto; voy a cantar, voy a salmodiar, ¡gloria mía, despierta!, ¡despertad, arpa y cítara!, ¡a la aurora he de despertar!


La AURORA expresa la búsqueda de nuevos horizontes, de un mundo nuevo que queremos construir. DESPERTAR LA AURORA nos coloca en una postura activa y dinámica. El BRILLO DE LA AURORA hace referencia al subtítulo de la Conferencia: es un foco de luz que ilumina las representaciones de las figuras humanas y da un tono cálido y optimista al conjunto.


De ordinario, la aurora es la que despierta al poeta para que entone cánticos en honor del Señor. Es tiempo de despertar, deprisa, para expresar el paso del miedo a la alegría, de la pesadilla a la serenidad, del clamor a la acción de gracias. Y el salmista lo hace con unos versos que brillan por su intensidad y belleza.


Al despertar la aurora, tiene que despertarse a sí mismo, despertar toda la dignidad que se había quedado escondida por el miedo ante las amenazas.


La próxima Conferencia general (L'Hermitage, 8-29 septiembre de 2013) se sitúa en un contexto mundial, eclesial, institucional que es bueno considerar:


A los 50 años del Concilio Vaticano II reconocemos todo el camino de renovación recorrido por el Instituto. Frente a los "profetas de calamidades", miramos con esperanza al mundo, a la Iglesia y a nosotros mismos, tratando de ser "profetas de esperanza" en medio de la situación de "exilio" en que nos encontramos.


"Es apenas la aurora": queda mucho camino por recorrer, pero avanzamos con paciencia y llenos de confianza en el futuro, porque reconocemos muchos signos de vida:


Como el profeta en pleno exilio, podemos repetir: "Yo voy a realizar algo nuevo, que ya aparece. ¿No lo notan?" (Is 43, 19). Y también como el centinela, el vigía, el sereno... que espera activamente y alerta, queremos ser "centinelas de la mañana" (Novo Millennio Ineunte 9; Is 21, 11)


El horizonte del bicentenario marista nos ofrece un punto de referencia con relación al sueño de Champagnat: "despertar la aurora" (Salmo 56). Tenemos una rica herencia de dos siglos, pero pensamos y soñamos en los años que seguirán al 200 de la vida y vitalidad maristas.


"Despertar la aurora" indica una actitud activa de compromiso frente a los grandes retos que los últimos Capítulos generales nos han indicado y que se podrían agrupar en torno a las palabras "profecía" y "mística". En este momento histórico, volvemos nuestra mirada hacia María, aurora de los tiempos nuevos, en quien encontramos inspiración para descubrir con qué actitudes llevar a cabo nuestro servicio.

 

"Hay que forzar la aurora a nacer, creyendo en ella"

(H. Basilio Rueda).

 

 

 

mujer caminante

 

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